Los “no” de las y los presidenciables


La campaña electoral transcurre cual partido de futbol en el que los equipos se ocupan más de defender que de atacar; tal vez porque aspiran a un gol de contragolpe y de último minuto.

Conforme avanzan los tres meses establecidos por la ley para que las y los aspirantes a la Presidencia de la República divulguen y fundamenten sus motivaciones para ocupar el máximo cargo del país, son más las dudas que las certezas entre el electorado.

Por: Héctor Salvatierra*
hsalvatierra2000@yahoo.com

Y es que, hasta el momento, las y los de arriba, en medio y abajo lucen conservadores y calculadores, casi sin arriesgar, postura que resalta en la mayoría de quienes van por la conducción del Organismo Ejecutivo.

En ese contexto, salvo una las presidenciables, el denominador común ha sido no dar nombres de quienes integrarían el eventual gabinete de gobierno.

Otro “no”, un tanto sorprendente, ha sido el no identificarse como de ideología de izquierda por parte de quienes han tenido una trayectoria inclinada a esa corriente de pensamiento.

Ha llamado la atención el “no” expresado al matrimonio igualitario por candidatos que antes de ser abanderados se desenvolvieron en ámbitos donde se manifiesta respeto a esa reivindicación.

La cuenta de “no” se ensancha cuando al momento de recitar la lista de problemas que agobian a Guatemala, cada presidenciable describe qué pasa, pero invariablemente no expone cómo lo solucionará.

No salirse de un libreto etéreo ha hecho que cuando faltan seis semanas para la cita con las urnas, los planteamientos son ambiguos, superficiales o sin dirección, pues la inacción domina y las olas han tenido que llegar desde afuera porque adentro las aguas están mansas.

Amagar o fintar cuando les preguntan por sus ministros podría entenderse en no “quemar” colaboradores o no confiar en lo que aportan, ya que saber quiénes serán los cuadros de la próxima administración puede ser una información para inclinar la balanza.

Por qué la izquierda o ahora supuesta izquierda niega ser de izquierda seguramente se sustenta en que teme ser considerada una Nicolás Maduro, y como ahora las redes sociales destrozan sin analizar, ha sido más fácil enterrar la cabeza como el avestruz, en lugar de precisar que en todo hay tonalidades.

Ir contra el matrimonio igualitario implica que el/la presidenciable opta por tranquilizar las ideas hiperconservadoras que prevalecen en la sociedad, igual que evadir el “cómo” obedece a no asustar a los sectores que se verían afectados, posición que al final de cuentas causará más rencores que comprensiones,

Finalmente, nadie se mete con nadie y como cada quien va a su ritmo, los remezones han venido allende nuestras fronteras, como la acciones legales que desde Estados Unidos tocan a dos de los actores y mantienen en salmuera a otros que piensan en ¿quién sigue?

Dada la frialdad de la campaña solo queda esperar si en el marco de la judicialización de los comicios el adverbio “no” también surgirá de las cortes y una vez aclarado plenamente el panorama, el/la votante tendrá elementos concretos para decidir el 16 de junio. ¿No le parece?

*Docente universitario, periodista y consultor en comunicación estratégica.

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