Un abismo con una promesa de esperanza

Es una casa color verde menta de dos niveles. “Rescatados del abismo. Casa hogar de rehabilitación para drogadictos y alcohólicos”, se lee en la entrada, la cual cuenta con una reja que se cierra con candado cada vez que se sale y entra, luego una puerta de madera vieja con cuatro distintas cerraduras y seguro en ella. Es un lugar que ofrece ayuda a distintas personas con problema de alcohol y drogas que asegura un tratamiento efectivo, cuando en realidad no poseen las condiciones de una buena rehabilitación.

Por: Stefany Robleto

“Me encontraba tirado en la calle cerca de la 9na avenida zona 3 enfrente de una aceitera, no había llegado a casa por tres noches. Llegó un camión, no pude ver nombre de alguna organización o algún lado que me dijera a dónde me llevaban, me encontraba tan drogado que solamente caí dormido. Al despertar ya me encontraba en este lugar, no tengo noticias de mi familia, no me dejan salir. No hay comida, no hay llamadas, no hay permisos de nada; duermes en el suelo, pasas frío y sino haces lo que dicen te golpean hasta más no poder.” Esteban D, un joven de 24 años internado en este lugar hace aproximadamente 7 meses, es padre de una niña de cinco años a la cual no ha visto en ese lapso de tiempo, dice que “ella es la razón de querer dejar la piedra, no puedo estar un día más sin ella y no quiero que me la quiten, no puedo dejar que eso pase”.

Dentro de la habitación de administración hay un olor a tabaco, desinfectante e incienso que se impregna en la nariz de inmediato. En la entrada un viejo sofá verde salta a la vista, en el se encontraba un joven de unos 23 años cortando el pelo a un perro blanco con unas tijeras. Hay un escritorio de madera y metal del tamaño de un ataúd, una estantería con imágenes religiosas, un viejo televisor con cable en el que se ve el programa favorito del joven: La ley y el orden UVE y una característica pintura de Jesús sosteniendo a Pablo Roberto Marroquín quien es el dueño del establecimiento.

La casa tiene dos habitaciones en la planta baja, cada una tiene cuatro literas en un espacio de 9 metros en largo y 5 de ancho, no se puede caminar por el cuarto, el suelo se encuentra cubierto por ropa sucia, sabanas viejas húmedas a causa del gran charco de agua que viene de la fuga del baño. El único sanitario en la planta baja es el que tiene dirección al sótano de donde sale, aparentemente confundido, otro interno bajo efecto de sustancias, se le conoce como M.C, un hombre de 43 años no muy amistoso que se dirige a su cama la cual no pude ver.

El tour por la casa lo da un joven, al parecer es el encargado, de unos 25 años un poco tímido, con problemas de habla y cierta actitud distraída. Al lado del baño se encuentran las gradas al segundo nivel, en donde hay dos habitaciones más con seis literas cada una, un cuarto utilizado como bodega, una pila con fuga que constantemente inunda el piso y una habitación utilizada como comedor, sala de reuniones e incluso para dormir.

Existe un programa de la casa, lo primero es el desayuno, el cual lo preparan en una olla mediana llena de huevo revuelto, al servirlo bajan por las gradas de la terraza al segundo nivel, donde se toma la comida y las sesiones de grupo. Se sirve una taza de café insípido y un pan tostado, que intenta disimular su consistencia dura, para acompañar la cacerola de huevo revuelto. Los internos se turnan para realizar la comida y servirla a los compañeros, son porciones pequeñas que si tienen suerte y sobra un poco pueden servirse de nuevo. Se colocan mesas y bancas a lo largo de la sala, se realiza una oración antes de comer guiada por Fredy Concuan, un hombre de 55 años, encargado del grupo de internos y al mismo tiempo forma parte del tratamiento. Lleva interno en el lugar dos años, asiste de forma voluntaria.

La casa hogar “Rescatados del Abismo” cuenta con no menos de 40 internos.

“A pesar de mi problema con la ‘piedra’ (nombre que recibe el crack), nunca dejé mi trabajo, no tenía mucho dinero, pero intentaba mantener el gasto intacto del hogar y la educación de mis dos hijos. Lastimosamente no siempre fue así, mi situación empeoró y me encontré pidiendo dinero en la calle, mi familia me había sacado de la casa. Ahí estaba yo una noche frente a un semáforo, una chica de no más de 22 años se me acercó y me preguntó si tenía cocaína o crack, dijo que podía tener sexo con ella si quería pero que le diera dinero para conseguirla. Estaba por desvestirla cuando ella mencionó que se llamaba Karla, el corazón se me rompió de inmediato y fue inevitable sentirme la peor mierda del mundo. ¿Sabes por qué? Porque mi hija se llama Karla, fue en ese momento donde extrañé tanto a mi familia e intente recuperarla, por eso estoy aquí”, contó brevemente Concuan antes de que se sirviera el desayuno.

Después del amén, todos se lanzan sobre el plato dispuestos a llenar sus bocas de inmediato. El aroma es extraño, como si algunos huevos estuvieran rancios, el café está frío y ralo.

Durante el desayuno entra una joven no mayor de 20 años. Es Miriam acompañada de su madre Laura. Al parecer la joven tiene problemas de actitud y de rebeldía, ha llegado a casa ebria y su mamá la descubrió. Laura es una adicta rehabilitada de la casa hogar, no consume hace siete años, es por eso que ha llevado a Miriam a la casa, para mostrarle la realidad de la adicción y como se vuelve la vida de un adicto.

Hay 51 personas adentro de la casa 44 hombres y dos mujeres como internos, los cuatro encargados y el dueño Pablo Roberto Marroquín, quien es un adicto rehabilitado del centro Nueva Luz, lo que explica el reconocimiento colgado en la pared de la entrada por su trabajo en la casa, entregado por el centro del cual fue interno por más de cinco años.

De Marroquín se conoce muy poco, solo que vive a unas cuadras del lugar y que es su esposa quien lo acompaña a revisar el lugar de vez en cuando, casi no visita la casa; de hecho solo lo hace un par de horas en la mañana o por la tarde ciertos días a la semana.

Tiene distintos señalamientos por parte de los internos y adictos rehabilitados que han salido de la casa, de realizar y fomentar distintos castigos ante actitud de resistencia al tener que cumplir con indicaciones.

Entre las sanciones mencionan: ejercicios que podrían ser desde lagartijas hasta saltos en cuclillas por toda la casa que no cesan hasta que el interno no puede más, golpes con el puño en distintas partes del cuerpo, inmersiones de cabeza en toneles con agua fría, negación de visitas y comunicación con la familia o personas externas a la casa.

“Aquí muchos de los jóvenes que acaban de ingresar se encuentran molestos, llenos de ira y rebeldía. Muchas veces tenemos que someterlos con golpes o metiéndolos en la bartolina”, comenta uno de los encargados mientras organizamos el lugar después de la comida, para la primera sesión de grupo en el programa diario de la casa.

Eduardo es un hombre de 56 años que trabaja en el lugar desde los inicios de la casa. Es un adicto rehabilitado hace 11 años, su única familia es la que en la actualidad es la que permanece dentro de Rescatados del Abismo.

Las edades de los internos varían; desde un joven de 21 años llamado Gabriel Maldonado, hasta “El viejo” de 83 años quien ha sido abandonado por su familia.

Todos toman un asiento en el lugar que ha dejado de ser un comedor para convertirse en una sala de reuniones, estas son voluntarias.

Se posee una guía que está en un folder rojo, viejo y roto, que contiene 12 pasos y tradiciones de Alcohólicos Anónimos. La sesión inicia con una oración, en este caso la “serenidad” que nuevamente es guiada por Fredy.

Todos los presentes cuentan sus historias, 33 personas en la sala, la cual se llena de relatos: “Vivía para consumir, ahora consumo para vivir”, “vendí todas mis cosas, ahora daría todo por aquello que perdí”, “yo no sé porqué estoy aquí, no siento que estas sesiones ayuden”, “un adulto no puede enseñarme lo que yo mismo ya viví”, “aquí hay muchos profesionales que por las drogas ya no tienen nada”, “ya ni mis hijos me visitan, perdí a mi mujer, en meses no sé nada de mi familia”, “algunos llevan días, otros meses, otros llevamos años”… Así se extiende la reunión por dos horas. Todos contaron sus historias más fuertes para que Miriam, viera los problemas que el “aceptar una chela” podrían traer para su vida.  

Entre los testimonios, surge un conflicto entre dos internos, uno de ellos llamado DT, que no respeta el tiempo para hablar y otro, de nombre Marvin, el interrumpido. Primero se insultan y luego se van a los golpes, mientras el resto de internos intentan separarlos. De inmediato sube Carlos Bonilla, director general de la casa y adicto rehabilitado hace nueve años, quien grita amenazas de castigo si no se controlan. Los peleoneros son llevados a la fuerza por Eduardo y su compañero de piso encargado a la bartolina, donde no tienen derecho de comida ni servicios sanitarios hasta la hora del desayuno de la mañana siguiente. Después del acontecimiento el descontento se siente en la sala, no se habla al respecto del incidente y se da por terminada la sesión.

La casa debe limpiarse. Los internos se organizan por grupos y se reparten tareas. Eduardo comenta que la situación con los internos siempre es así “caótica y sin remedio, aquí solo se puede exigir respeto hacia las reglas por medio de la fuerza y castigos”, y que muchas veces han tenido que golpearlos, inclusive han sido colgados con cadenas por cierto tiempo, castigo del cual Pablo Marroquín estaba enterado y no estaba en contra de que se practicara.

Este comentario fue confirmado luego por un joven de Livingston que, según cuenta, llegó a la casa por recomendación de un amigo. Este joven de forma muy cautelosa y con cuidado de que nadie lo escuche cuenta que lo han castigado con tundas tan fuertes que despierta dos o tres horas después.

Otros señalamientos como el de Gabriele, aseguran que no ha tenido permiso de recibir llamadas ni comunicación alguna por semanas y otro joven ha sido, quien no ha compartido su nombre, dice que lo han bañado con agua fría en la noche y dejado en la terraza bajo llave y que ha tenido que aguantar frío hasta la mañana siguiente por desobedecer labores.

Es hora de hacer la “recogida” para el almuerzo. Son los internos que poseen ya un grado de confianza son los encargados de ir al mercado más cercano. Piden en carnicerías y verdulerías las sobras o alimentos que no se hayan vendido. Cuentan de dónde vienen y porqué están ahí, de esta manera los vendedores sienten cierta lástima por ellos y donan alimentos para la casa como huesos, el pan que no se vendió del día anterior, verduras y frutas magulladas o muy maduras. Las recogidas se realizan tres veces a la semana, no hay un día específico.

La casa Rescatados del Abismo cobra Q750 mensuales por interno. Es una cuota que cubren las familias y que no alcanza para cubrir las necesidades de la casa como comida, luz, agua, papel de baño o elementos de higiene personal. Son las familias los que deben proveer los utensilios de limpieza e higiene intima a sus familiares en la casa. Son grandes problemas en las instalaciones del lugar, ademas de que las camas no alcanzan para todos. El comedor, que sirve de salón, se convierte en las noches en habitación. Los internos tiran colchonetas en el suelo en cualquier espacio donde puedan acomodarse. Lo que parece sospechoso, ya que Bonilla y Pablo aseguran tener una licencia del Ministerio de Salud Pública y asistencia social.

Se ve claramente que es un lugar que promete grandes cosas, sin embargo no posee estabilidad económica adecuada para albergar al número de personas que posee y mucho menos ofrecer un tratamiento adecuado.

Aunque al inicio entre con ayuda de contactos y bajo la excusa de poseer problemas alcohólicos, en mi estadía de la última visita he dicho que soy estudiante de periodismo en la universidad y que me encontraba realizando un proyecto de clase. Temí por la reacción de aquellos que fueron abiertos conmigo y compartieron sus historias, afortunadamente la reacción negativa que esperaba no se dio o no por completo.

Unos pocos internos se sintieron engañados y utilizados, saliendo inmediatamente de la sala de reuniones, los que quedaron argumentaron que se sentían felices de que; “una niña tan linda y joven no se encuentre en nuestro lugar y no se ahogue entre estas paredes donde la ansiedad, ira y depresión te consumen, un lugar donde se escapa el tiempo y la vida con el”, que entendían porque lo había hecho, pero que sin lugar a dudas hubieran preferido mi honestidad desde el primer momento.

“Espero y regreses a leernos tu trabajo y poder escuchar lo que hemos dejado en ti y cuál es la idea que tienes de nosotros, vuelve cuando quieras, eres bienvenida a cenar”, añadió Fredy Concuan.

“Tu visita ha aportado cosas positivas en nosotros, nos ha hecho pensar en nuestra vida y nos ha regresado la motivación de seguir luchando para volver con nuestra familia y ver crecer a nuestros hijos… Al menos a mí”, sentenció Esteban D. 

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