La experiencia religiosa de Erick Hernández S.J.

Erick Hernández S.J. es jesuita originario de El Salvador, tiene 38 años y fue ordenado sacerdote hace un año y seis meses. Actualmente tiene ocho meses de pertenecer a la Parroquia Nuestra Señora de la Merced, ubicada en zona 1 de la ciudad de Guatemala. Relató su proceso de formación y las distintas experiencias que ha tenido durante el proceso.

Por: Isaías Ramírez

¿Qué aspiraba a ser de grande, cuando era pequeño?
Mis primeros deseos fueron ser profesor. Yo admiraba a los maestros que tuve, nunca imaginé ser sacerdote. Mi familia no era muy religiosa, eran católicos, asistían a misa pero nada más. Durante mi primera comunión visitamos una comunidad que vivía en condiciones de pobreza extrema y eso cambió mi perspectiva de la vida.

La inquietud en cómo ayudar a las personas fue creando cierta sensibilidad en mí y también hizo plantearme varias opciones de estudio. En el bachillerato recibí una clase de psicología y en la universidad fue esa la carrera que estudié

¿Cómo fue la transición de la universidad a un ámbito religioso?
La primera universidad privada en El Salvador fue encomendada a los jesuitas y ellos tienen mucha incidencia en El Salvador. Estudiando en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA, me involucré en la pastoral universitaria tuve contacto con la espiritualidad que enseño San Ignacio de Loyola.

Tuve una imagen de Dios diferente al que me habían enseñado en mi parroquia, encontré algo que para mí fue un tesoro. Por medio de los ejercicios espirituales fui discerniendo que Dios me invitaba a algo más. A mitad de la carrera el jesuita que era coordinador de la pastoral me invitó al proceso vocacional y me negué. Al final de la carrera el nuevo coordinador me preguntó si aún tenía esa inquietud y aquí estoy.

¿Cómo fue su proceso formación?
La primera etapa del noviciado la realicé en Panamá y fui completamente feliz. Cada aspecto era une experiencia, descubrir a Dios. Luego me trasladé a Nicaragua en donde estudié por tres años filosofía, uno comienza con las primeras crisis pues la filosofía cuestiona todo, incluso a Dios. En esta etapa algunos compañeros dejaron el proceso.

Durante mi etapa de magisterio están los retos de cómo llegar a los jóvenes y trabajé en un colegio. Uno tiene ciertos ideales pero se da cuenta que la realidad es otra, qué es lo que la gente realmente necesita. Estudié la teología en Chile, fue fascinante reflexionar sobre el tema de Dios.

Para él una de las cosas más sabrosas del día es celebrar una eucaristía. Pues es un encuentro entre Dios y el pueblo. Fotos: Isaías Ramírez

¿Cómo ha sido su experiencia en esta parroquia?
No imaginé que me enviarían a una parroquia. La experiencia depende del estilo de la iglesia. La Merced es muy atrayente para el pueblo de Guatemala entonces se tiene que aprender a ofrecer un servicio de evangelización en medio de la religiosidad popular. Este año ha sido de total aprendizaje.

Anteriormente estuve en una pastoral universitaria, era un ámbito distinto pues lo jóvenes no quieren temas religiosos, prefieren los temas más humanos. Cada experiencia es distinta.

¿Cuáles han sido las dificultades ha tenido como sacerdote?
La paciencia y aprender a caminar con el pueblo de Dios. Uno como sacerdote está como pastor, enseñándoles el camino pero el Papa Francisco no está enseñando que el pastor está siguiendo al pueblo.

A veces uno quisiera empujar a los rebaños para que apresuren el paso pero debo desmontar muchas expectativas para ir al ritmo de las personas y poder encontrar al guatemalteco desde adentro. Aprender a trabajar con la gente, se tienen problemas incluso con tus mismos compañeros jesuitas con lo que se convive dentro de la parroquia o en una pastoral.

Para finalizar, ¿qué mensaje puede transmitir a aquellos jóvenes que están interesados en esta vocación pero no están seguros?
Yo no sé si uno estará totalmente seguro. A veces hay gente que lo tiene claro pero en el camino cuando se da cuenta de lo que implica esa vocación o profesión, se cuestiona si estará en lo correcto. En la vocación sacerdotal es una cuestión que está dentro, como uno se sueña.

Uno puede descubrir distintas formas de ser un cristiano, no solo un sacerdote. Todo este descubrimiento se hace experimentando.

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