Wacha, un cancionista que nos trae “tantito” romance y picardía en cada canción

Wacha es un joven artista guatemalteco, que se define a sí mismo como un “romántico empedernido”. Sus originales juegos de palabras, un sonido suave de instrumentos, y esa mezcla de dulce romanticismo pícaro, lo distingue de cualquier otro artista. Su pasión está en las artes, sin embargo, la arquitectura también le ha robado el corazón.

Por: Carolina Ortíz

Alan André González, mejor conocido como “Wacha”, también es un compositor innato. La música estuvo siempre en sus genes, pues a pesar de no estudiarla profesionalmente, aprendió por intuición. Tocar varios instrumentos forma parte de su larga lista de habilidades, así como adaptarse a cualquier estilo musical.

En las siguientes líneas, Alan André desnuda un poco su corazón y nos relata un poco más sobre su larga travesía hasta llegar a “Tantito Trío”, su más reciente proyecto.

¿Cómo es que se define Wacha, en tres palabras?
Romántico, amigo y soñador.

Romántico porque, para mí, el romance es parte elemental de mi vida y mi música. Me considero un romántico empedernido y me tomé ese rol muy en serio y me encanta. Espero proyectar eso, para que de alguna manera el romanticismo no se pierda y el amor siga fluyendo.

Amigo, porque incluso Wacha significa hermano en kaqchikel, viene de la palabra wachalal. Tampoco espero caerle bien a todos, perdería toda mi vida queriendo convencer a todos que soy buena gente, pero que me consideren alguien en quien confiar.

Y soñador, pues ¿qué sería de esta vida sin sueños? Es lo único que nos pertenece, como diría Jorge Drexler, “los sueños es de lo único que somos dueños”. Todo lo que tenemos lo podemos perder, pero los sueños, ¿quién te los quita?

¿Cómo nació tu pasión por la música?
Conocí la música a los 7 años. Jamás la estudié como debería, todo fue por intuición, siento que de alguna manera tenía la música en los genes.

En 2010 empecé a presentar con una banda. Se podría decir que descubrí que en verdad era lo mío, hace 2 años, en el 2017. Agradezco haberlo descubierto a tiempo y no a tan avanzada edad.

Podrías contarnos un poco sobre cómo fue tu primera vez en un escenario
¡Wow! Me hiciste recordar muchas cosas. Mi primera vez en un escenario como cantante fue de las peores presentaciones que he tenido en mi vida (risas).

Fue en una discoteca, para una elección de Señorita Arquitectura, en Quetzaltenango. Estaban eligiendo a la señorita, había música, mucha bulla y de repente, cortan todo. Entonces empiezo a cantar canciones de Coldplay en la disco. Me sentí incómodo pero realizado, hubo muchos problemas ese día y aprendí muchísimas cosas.

Cada concierto es una enseñanza, fue una mezcla de sentimientos. A veces me pregunto por qué lo hice, pero era necesario para empezar de alguna manera.

Además de cantar y tocar instrumentos, ¿Te gusta componer canciones?
Sí, soy compositor, me encanta componer. De hecho, utilizo el Twitter como blog de notas y a la vez como un termómetro que va midiendo si las frases pueden funcionar o no. Lanzo una frase y si tiene un poquito de reacción de parte de la gente, la utilizo en una canción, porque quiere decir que funcionó, que conmovió, que causó una reacción en la gente.

Me considero en este momento, con este nuevo término “cancionista”. Un cancionista es alguien que nada más hace canciones y no importa el género, ni el tema, sino simplemente el hacer canciones de cualquier tipo.

Siempre voy a hablar de romance y de sensualidad de una manera muy sutil y muy dulce, porque a la larga el amor tiene que ser así, dulce y sutil.

Sensualidad, romance y dulzura; los ingredientes perfectos para la música de Wacha.

¿Cuántas canciones haz compuesto?
Alrededor de 80 canciones. Unas 45 en español, como 20 en inglés y el resto son instrumentales.

De todas esas canciones, ¿cuál es tu favorita?
Se llama Dulce insomnio, es una canción que todavía no ha salido al aire, pero la canto siempre. Habla de ese sentimiento cuando ya te vas a dormir y te da insomnio, pero es por una persona. Viste a esa persona en la mañana, o un día anterior pero te impactó; hay química, sabes que le gustas, te quedas despierto esa noche pensando en ella.

A parte de la música, ¿hay alguna otra pasión en tu vida?
La arquitectura, yo estudio arquitectura. Es una carrera formidable, la cual por muchas razones no he podido terminar, pero me apasiona. Creo que es una carrera técnica muy interesante y lo que uno puede ofrecer a la sociedad como arquitecto es increíble. Además de eso, el dibujo y todo lo que sea arte.

¿Cómo se ha visto reflejado el apoyo de tus seres queridos en tu carrera?
Han sido muy buenas personas mis padres, mis hermanos, mi familia. No es fácil ser artista en este país. Ellos siempre se preocupan por las cosas que la sociedad te exige, como una buena economía y estabilidad.

Mi familia se ha dado cuenta que esto no es un hobby y tampoco una forma de perder tiempo, esto es una profesión que se trabaja de una manera muy responsable. Al final, esto no va a funcionar si no le metemos responsabilidad, profesionalismo, si no le metemos estrategias, si no la trabajamos como a una empresa.

Por la música, ¿crees haber descuidado ciertos aspectos de tu vida?
Sí, ser músico aquí en Guatemala es un emprendimiento y eso sabes que va a requerir de mucho sacrificio. Parte de esos momentos duros, ha sido dejar un poco de lado la carrera universitaria. Otras ideas que había tenido, también tuve que abandonarlas.

El otro año, está en mis planes mudarme a la Ciudad de México. Es un sacrificio porque primero dejé mi hogar en Quetzaltenango y a mi familia, luego dejé mi nueva ciudad que es la capital y el otro año tengo que renunciar completamente a Guatemala. Mis sueños no caben en Guatemala.

¿Alguna anécdota que haya marcado tu vida?
Hay un concierto en especial, que me cambió la forma de ver esta carrera. Siempre es necesario ese “wake up” (despertar) y mi momento fue cuando tuve la oportunidad de ser bajista de Tuco Cárdenas, el cantautor quetzalteco, abriéndole un concierto a Manuel Medrano, el famoso colombiano.

Fue un concierto increíble, muy bien producido. De hecho jamás había estado en un concierto tan bien producido. Entonces personalmente me dije: “Yo quiero ser como Manuel Medrano. Quiero apuntarle a hacer ese tipo de producciones”. Después de haber pasado tanto tiempo en cafés, bares y festivales, necesito ese tipo de conciertos.

¿Crees tener un sonido que te distinga de todos los demás, o aún lo estás creando?
Ya tengo un sonido específico, la gente dice “es que es Wacha, suena a Wacha”. Me gustó mucho haber descubierto esta voz baja y poder impostarla de una manera correcta para cantar. Sensualidad, poesía, dulzura, romance, eso es lo que marca la música de Wacha.

Wacha es romántico; él utiliza ese romanticismo, esa sensualidad y sobre todo la dulzura, que es muy necesaria en las canciones para que no suene tosco o acosador. Que suene a algo que pueda inspirar a alguien, que sea bonito. No me peleo con la música, me peleo con lo que habla y la cultura que se le ha dado.

Cuéntanos un poco sobre tu canción “Besayunarte”
Hace poco vi a la musa que me inspiró, fue lindo verla. Ella estuvo presente durante todo el proceso, gracias a esos ojos fue que yo hice esa canción. Le dije así, sinceramente sin pensarlo: ¡Qué bella es la vida! se enrojeció por el cumplido y así comenzó la canción.

Fue necesario que ella llegara para que la canción se lograra. La palabra “Besayunarte”, la descubrí hace 5 años. Habla de agradecer a la vida de estar con esa persona que quieres. Agradecerle la energía, el amor que se comparte en ese momento. Habla sobre todo eso, pero de una manera muy pícara, porque “voy a cometer todo el día”, es como ¡wow, tranquilo!

¿Qué nos puedes contar acerca de tu nuevo proyecto Tantito Trío?
Nace de la necesidad de presentar algo más en el escenario, no solo el sombrerudo. Empecé con Orlando Aguilar, quien es un guitarrista formidable que conocí el año pasado y se adaptó tan bien al proyecto que lo adopté como músico en primera plana.

Luego está Elisa Marroquin quien ha sido fan de Wacha desde el inicio hace 8 años. Ella llegaba a los conciertos, se sabía todas las canciones y yo sabía que cantaba muy bien. Un día le dije cantemos algo, y nos vamos en formato trío.

Me gusta mucho trabajar en equipo, yo jamás quise ser solista. Ser solista es como “¡Ay Dios!, saber qué carácter ha de tener para que nadie lo aguante”. Yo quería darles algo que empodere más, entonces un día me levanté de una siesta y dije “mmm… Tantito Trío”, e inmediatamente hice una publicidad con ese nombre.

El proyecto Wacha, puede ser uno o pueden ser diez. De hecho, Tantito Trío se va a llamar el siguiente disco. Voy a utilizar a los dos para hacer un disco orgánico, bonito; va a ser solo guitarras, voz y más de alguna percusión.

Para concluir, ¿algún mensaje a la juventud guatemalteca y todos aquellos que buscan un espacio en la escena musical?

Hagan arte, cultura y en el proceso hagan comunidad. No podemos hacer este trabajo solos, háganlo con fé y profesionalismo. También produzcan, es necesario producir; o sea ¿Cómo haces tus canciones pero nunca las grabas, ni las presentas?

A veces solamente hace falta tirarnos al agua y hacer las cosas. Escriban canciones, hagan arte, música, participen en otros proyectos, enfóquense, sueñen; pero también lloren porque habrán momentos duros.

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