Las pantallas y los likes nunca cambiarán la magia del Teatro

Por la emergencia del Covid-19 muchas empresas han tenido que reinventarse, buscando nuevas formas de funcionar, evitando al máximo el contacto humano. Esto no aplicó solamente a restaurantes e industrias, también afectó al mundo artístico.

El ser humano es un ser social por naturaleza, y esta cuarentena ha venido a demostrarlo, las pantallas, el zoom, lo virtual no sustituyó la interacción humana, solo intentó hacerlo, pero la realidad es otra, necesitamos la proximidad con otras personas.

El teatro es uno de los artes más antiguos, desde la antigua Grecia hasta nuestros días, pero ahora enfrenta un nuevo reto, su incursión en lo digital. El lugar donde los aplausos se sustituyen por likes, las risas por vanos “jajaja” en la caja de comentarios, y el llanto por reacciones de “me entristece”.

Foto: El Desconcierto

¿Funcionará? Ya hay compañías teatrales que lo hacen, y al parecer esto les dió un pequeño respiro luego de meses de no montar función. En mi experiencia de alrededor de 7 años en los escenarios como actor y director, mi respuesta corta es: no.

Aunque pareciera estar funcionando, el streaming nunca podrá sustituir una noche en un teatro, ya que cada obra transmite sensaciones, no solo por el actor, sino por la escenografía, el tono de voz, el volumen del sonido, el grado de iluminación, el recinto físico, el ambiente, todo aporta para provocar emociones. Algo que una pantalla no podrá lograr, al menos con la tecnología que conocemos.

El teatro es magia, es adentrarse en una nueva historia, no es ir y ver una historia más, el teatro hace que el espectador se vea inmerso en la historia, que no sea alguien que compró un boleto para ver un show, es alguien que participa de algo único, de una historia que sucede ante sus ojos.

Foto: Un Doctorado por Error

Lo presencial está lleno de mensajes kinésicos, mensajes espaciales, la vibración de los asientos, el retumbo de las risas, la algarabía de los aplausos, es algo que necesita tanto el actor como el público, y hacerlo virtual es perder esas sensaciones y poner al teatro al nivel de plataformas como Netflix.

Esto sin tomar el cuenta todos los ruidos en la comunicación que puede provocarse en la transmisión de obras en forma digital, por ejemplo la mala señal en la fuente o la baja calidad de algunos vídeos. Estos ruidos solo entorpecen el mensaje que quiere transmitirse.

No culpo a todos los actores que emigraron a Facebook o a Zoom, no es su culpa, me atrevo a decir que ninguno quiere estar ahí, tristemente el artista no vive de su “orgullo como actor”, en un país donde el arte es tan mal recompensado, el dramaturgo debe espantárselas como pueda, por eso no debe de asombrarle ver actores vendiendo pasteles, sombreros, quesadillas, o peor: funciones por Zoom.

Foto: Un Doctorado por error

Si usted aprecia el arte, y está en su capacidad, apoye a un artista, compre su función en línea, dé una donación, aporte con dinero, ya que como es sabido por todos (por lo menos todos los artistas) las risas y los aplausos no pagan facturas.

Esperamos que esta sea la última función del Coronavirus y que sea la tercera llamada para la reapertura de los teatros.

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